Chaco | Abuso y tortura a la comunidad Qom

por Pablo Bruetman (Revista Citrica)

La policía chaqueña golpeó, torturó y abusó de cuatro jóvenes de la comunidad Qom de la localidad de Fontana. Se pasaron la noche en la comisaría y recibieron amenazas y manoseos. Ahora, sus vecinos denuncian la persecución y el hostigamiento de las fuerzas de seguridad.

Ayer a la mañana la policía volvió a mi casa. Daiana, mi hija, estaba en crisis. ¿Qué tenían que venir a hacer acá? No sé qué dijeron, porque hablaron con mi hermana. Pero sé qué pidieron: que no dijéramos que las habían violado. Pero mi hija y mi vecina fueron abusadas, les manosearon sus partes íntimas”.

La Policía de la Comisaría Tercera de Fontana (provincia de Chaco) entró en las casas de Elsa Fernández y de su padre, el sábado 30 de mayo, a la noche. Y se llevó detenidos a su hija Daiana, su hijo Cristian, su sobrino Alejandro y su vecina Rebecca. Y los torturó toda la noche en la Comisaría.

Después de eso, el lunes a la mañana, la Policía volvió a amenazar e intimidar. “No solo acá, los policías están intimidando a mis vecinos. Quieren acusarme de escuchar fuerte la radio por las noches, pero la verdad que no tengo radio, solo tengo una tele que me prestó mi hija, por la cuarentena”, explicó Elsa a Revista Cítrica mientras su hijo, su sobrino y su vecina realizaban la denuncia en la Fiscalía.

La única detenida que no se acercó a hacer la denuncia es su hija Daiana. No puede ir. “No puede ni moverse. No puede comer, la golpearon mucho, le pisaron la boca y el estómago. Ni siquiera se puede acostar porque tiene las costillas inflamadas”.

 

 

Para justificar su accionar, los policías acusaron -a las personas detenidas- de arrojar objetos contundentes a la comisaría. Sin embargo, Elsa explica que “esa es la peor mentira. La comisaría está intacta, no tiene golpes ni ladrillazos. Si pasan van a ver que no tiene nada, todo limpio. La verdad es que no sé por qué los policías accionan de esa manera, pero siempre son así. A los originarios nos discriminan. Siempre hay enfrentamientos los viernes y sábados. Y en cuarentena, es peor”.

Elsa no logra entender por qué la policía actúa con tanta maldad, pero sí sabe con precisión qué pasó la noche del sábado. Vio y sufrió la violencia en su domicilio. Y sus hijos le contaron lo que pasó después en la comisaría, donde los torturaron sin respiro.

“Cristian es changarín en el mercado frutihortícola y tenía que ir a trabajar a las tres de la mañana. Estaba en la casa de mi papá, le sonó la alarma, entró la policía y lo pateó, le pegó y lo sacó de la casa. Igual que hicieron en mi casa con mi sobrino. A mí me maltrataron, no solo físicamente, también me insultaban: ‘A ver correte, india de mierda’, me decían, y después el jefe a cargo del operativo me pegó con la pistola reglamentaria en la sien. ‘Así hay que tratarlos a estos indios’, se felicitaban los oficiales».

«Ahora tuvimos que avisarle al patrón que Cristian no va a ir a trabajar por 15 días porque quedó muy golpeado», se lamenta Elsa, porque el trabajo de Cristian es el principal ingreso en su casa.

«Los policías sabían que trabajaba porque mi hijo tenía el permiso, entonces le golpearon mucho en la cadera, para que no pudiera caminar, y no pudiera trabajar, porque para ellos los originarios no tienen que trabajar. Mi hijo con 20 años era el que traía el sustento para toda mi familia. Yo tengo sólo la asignación y no me alcanza. También le golpearon toda su mano, y él tiene una discapacidad en la mano. Podría cobrar una pensión, pero dice que no la necesita. Me dice: ‘Mami no necesito una pensión, mientras pueda trabajar voy a trabajar’”.

 

 

El permiso a Cristian se lo devolvieron todo lleno de sangre. La casa de Elsa es muy humilde. Tiene seis hijos. Los mayores pusieron unos ladrillos y una parrilla de madera para no dormir en el suelo, y ella duerme en su cama, con los tres más chicos. Ahora se pregunta cómo harán para no pasar hambre hasta que Cristian pueda volver a trabajar. Al menos ayer y hoy la Municipalidad de Fontana le acercó mercadería.

‘Mami me tiraron alcohol y me trataron como indio infectado. De todo nos decían. Nos pegaban, y decían que ‘así hay que tratar a estos indios infectados’”, le contó Daiana a su madre Elsa. También le dijo que -a ella y a Rebecca- les tocaron todo el cuerpo, que las manosearon.

Daiana empieza a hablar y llora. Y no puede contar mucho más. Sus abusadores fueron hasta su casa a decirle que no la habían abusado. Que el abuso no fue tan grave porque no la violaron.

 

 

Fuente: Revista Citrica