La regional oeste de la CGT, difundió un documento político sindical

La regional oeste de la CGT -Merlo, Moreno, Marcos Paz- difundió un documento político sindical con motivo del 9 de Julio. Con los ejes soberanía nacional, independencia económica y justicia social, plantearon su posicionamiento para la reflexión.

¡POR LA SOBERANÍA NACIONAL, LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA, LA JUSTICIA SOCIAL y LA GRANDEZA DE NUESTRA PATRIA GRANDE!

“Si es necesario vamos a comer menos, vamos a gastar menos en ropas,

menos en cosas superfluas, tendremos menos automóviles (…).

Vamos a conquistar la riqueza con nuestro trabajo y, si es menester, con nuestro sacrificio,

pero no recurriremos al usurero. Ese camino lo conocen todos muy bien.

Pobre del país que cae en manos de los actuales usureros, porque esos le sacan no sólo el dinero (…),

sino la independencia, la libertad y la dignidad.”

Juan Domingo Perón. Febrero de 1952, a los gobernadores

 

El 9 de Julio y las tareas planteadas

Este 9 de julio nos encuentra a los trabajadores frente a un desafío sin igual, las bases materiales del mundo sobre el cual erigimos nuestras vidas, en donde crecieron y se desarrollaron nuestras organizaciones gremiales, se desploman a una velocidad vertiginosa. Con eso, las herramientas de lucha que hemos construido hasta aquí no dan respuesta frente a la creciente expulsión de mano de obra y quiebras generalizadas de millones de empresas a lo largo y ancho del país y de Nuestra América.

Este terrible panorama no es más que el reflejo de la profunda crisis sistémica que estamos atravesando, en donde la pandemia declarada a causa del Covid-19 es solo una manifestación, y sus consecuencias un resultado lógico del desenvolvimiento del sistema capitalista, que hoy ha entrado en una crisis irreversible: no puede garantizar las condiciones de su reproducción, no sólo a las grandes mayorías trabajadoras del mundo, sino tampoco a crecientes capas de burguesías y empresariados que no logran reproducirse frente a la concentración desenfrenada de los monopolios mundiales.

En este escenario, la batalla política que los trabajadores tenemos por delante es de una envergadura sin igual. Si recorremos los principales escenarios de enfrentamiento que se vienen configurando a nivel nacional, el Impuesto a las Grandes Riquezas, la Expropiación de Vicentín, el pago de la Deuda externa y el proyecto por la Regulación del Teletrabajo, observamos que no son problemas aislados, sino diversos aspectos de un enfrentamiento mucho mayor, que nos obliga a poner en correspondencia nuestra organización a la altura del enfrentamiento actual, que nada tiene que ver con meras reivindicaciones gremiales, o condiciones laborales, sino con desarrollar y dotarnos de una concepción y organización permanente que permita afrontar cada una de las tareas, asumiendo al enemigo principal que, al igual que hace 204 años, en 1816, nos permita construir nuestra libertad. Independizarnos, ya no como en aquel entonces del incipiente capitalismo inglés, que movía los hilos detrás de las Coronas de España y Portugal, en plena expansión de comienzos del siglo XIX, sino del Imperialismo en el siglo XXI, que no es más que el capitalismo en descomposición, con dominio del monopolio y el capital financiero-parasitario. Recorramos cada uno de los escenarios.

 

Impuesto a las grandes riquezas

De acuerdo con datos de la CEPAL, el 1% más rico de la Argentina captura más del 15% del ingreso nacional, mientras que el 10% más pobre solo participa con el 1,5% del ingreso. En los cuatro años de gobierno macrista, la brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre escaló desde 16 a 21 veces. Entre 2015 y 2019, a fuerza de sucesivas reformas tributarias, absolutamente regresivas, que sacaban dinero del bolsillo de los trabajadores para acumularlos en las arcas patronales, la concentración del ingreso del 10% más pudiente se elevó de un 28% a un 32,5%, mientras que la pobreza pasó de un 29% a un 45% actual, según el informe de la UCA. El vínculo entre la acumulación de riqueza y el aumento de la pobreza es obsceno.

En este marco estructural de terrible desigualdad en la distribución de la riqueza Argentina, surge el proyecto del impuesto extraordinario a las grandes fortunas impulsado por Máximo Kirchner, Carlos Heller y un conjunto de diputados de extracción sindical entre los que se encuentran los compañeros Hugo Yasky y Walter Correa. Dicho proyecto, que cuenta con el aval explícito del Presidente Alberto Fernández, busca poder garantizar una transferencia extraordinaria de dinero de los sectores más concentrados de la economía nacional hacia las arcas del Estado para poder afrontar en parte el conjunto de medidas que vienen tomando el gobierno para paliar las consecuencias de la pandemia en virtud de los más humildes.

Apenas trascendida la idea del proyecto original, la conducción cipaya de nuestra “burguesía nacional”, junto a sus pelotones mediáticos, se alistaron para el enfrentamiento. Héctor Magnetto del Grupo Clarín, Paolo Rocca de Techint, Luis Pagani de Arcor, Marcelo Mindlin de Pampa Energía, Miguel Acevedo de Aceitera General Deheza y el inefable fiscal estrella del PRO, Cristiano Ratazzi, heredero de Fiat, declaraban el estado de alerta y movilización. El poderosísimo Foro de Convergencia Empresarial que agrupa a las cámaras industriales, bancarias, de salud privada, de comercio y servicios, más la cámara de comercio argentino-norteamericana, IDEA y la Sociedad Rural Argentina manifestó su oposición porque “es un antecedente sumamente negativo para recrear el clima de inversión”.

A la inversa de lo que sugieren los detractores del impuesto a las grandes fortunas, mientras los ricos pagaban cada vez menos impuestos en la Argentina, la tasa de inversión cayó, pasando de un promedio de 21,1% del PBI entre 2003 y 2015, al 19% entre 2015 y 2019. El cuento del “ahorro del capital privado”, como palanca de inversión en capital productivo y generación de empleo, es una fábula que ya ha superado la mayoría de edad en la historia del capitalismo a fuerza de la concentración y financiarización de la economía. La única realidad es que la plata que ellos se “ahorraron”, fruto de una transferencia discrecional de dinero desde los sectores populares a los grupos económicos, la dolarizaron empujando deuda e inflación, la fugaron al exterior y ese “ahorro” devino en capital especulativo depositado en los grandes fondos de inversión -fondos buitres-, insuflando así la aerostática burbuja financiera que le garantizaría a estos millonarios una tasa de rentabilidad superior a la de cualquier otra rama de la industria local.

A su vez, los argentinos más ricos tienen el 78% de su riqueza declarada fuera de la Argentina, sin considerar que aproximadamente 2/3 de la riqueza fugada no se encuentra declarada en el país. A esta altura, acusar a estos sectores de traición a la Patria sería un delito menor.

 

La deuda como mecanismos de succión

Esto explica por qué estos supuestos empresarios nacionales, que hasta ayer reclaman libre mercado y achicamiento del Estado, hoy frente a la recesión reclaman fondos y, sin ruborizarse, cobran subsidios de dicho Estado a la vez que presionan al gobierno para que mejore la oferta presentada a los acreedores privados por el pago de la deuda, porque mediante los fondos de inversión y el juego repugnante de los finos estudios jurídicos y contables, una parte sustancial de esa deuda del Estado nacional, los tiene a estos “Patriotas” como beneficiarios. Ahí la verdadera historia de la fuga de capitales o formación de activos en el exterior. En los cuatro años del gobierno de Macri se registró una fuga de US$ 81.000 millones, monto que supera ampliamente los pagos por deuda que nuestro país está negociando. De ahí que quienes piden mayores pagos a los acreedores externos, a pesar de ser víctimas fatales de la acción de los mismos grupos extranjeros que los expulsan cada día más del control de la economía real, en la disputa por la reproducción ampliada del capital, lo hacen en defensa propia buscando apoderarse de algunas migajas de las acciones de rapiña que los buitres como Blackrock y Fidelity impulsan sobre nosotros. Así el círculo virtuoso del endeudamiento argentino, que desde la implementación del neoliberalismo con la última dictadura militar hasta la actualidad, ha hecho que la deuda no pare de crecer. Aunque esa deuda nunca fue para promover mejores condiciones de vida para la población, sino todo lo contrario, ya que el endeudamiento del país fue el principal mecanismo de estrangulamiento financiero y sometimiento económico, como herramienta de colonización política cultural con su consecuente postración productiva, hambre y miserias para el pueblo. Para muestra sobre un botón. Bajo el gobierno de la última dictadura militar en 1982, Domingo Cavallo al mando del Banco Central, estatizó todo un paquete de deuda privada entre quienes estaban Acindar, Alpargatas, Autopistas Urbanas, Celulosa Cogasco, Perez Companc, Grupo Macri, Bco Italia, Francés, Galicia, Bunge y Born, Grafa, Molinos Rio de la Plata, Loma Negra, Ledesma, Techint y la tan nombrada Vicentin, a quien se le nacionalizó una deuda por U$S 1.958.000, descargándosela al conjunto del pueblo argentino.

 

La soberanía alimentaria y la necesaria expropiación de Vicentín

Los argentinos tenemos que estar muy contentos porque estamos dando un paso hacia la soberanía alimentaria”. Así anunciaba Alberto Fernández el 8 de junio el proyecto de intervención y posterior expropiación de la concursada Vicentín. Los monopolios mediáticos enseguida reaccionaron en defensa del sagrado derecho a la propiedad privada, y -al grito de “chavización” y “comunismo”- convocaron a su tropa “al enfrentamiento más grande de la historia argentina desde el regreso de la democracia en 1983, cuyo antecedente –la crisis de la 125 en 2008- es un modesto remedo de lo que está en marcha”, según uno de los analistas estrella del diario Clarín.

Vicentín cerró el 2018 como la 7ma empresa en ventas del mercado nacional, por $118 mil millones, liderando la exportación de granos. Entre 2015 y 2018 más que cuadruplicó su facturación. Sin embargo, en el mismo período su endeudamiento con el Banco Nación se duplicó, pasando de US$ 150 millones en 2015 a más de US$ 300 millones en 2019. ¿Dónde está toda esa plata? Tan sólo en noviembre de 2019 recibió 28 créditos, que representan un tercio del total de la deuda con el Banco Nación. Como favor con favor se paga, el grupo aportó a través de tres empresas casi $19 millones a la campaña presidencial de Juntos por el Cambio, según datos de la CNE. El Banco Central limita al 15% del capital de una empresa el monto que una entidad financiera puede prestarle. Pero Vicentín recibió del Nación el equivalente al 20% de su patrimonio, violando todas las regulaciones vigentes. Si a esto se suma la cesación de pagos, es decir, el afano liso y llano de la millonada recibida, el fraude se agranda.

Pero el robo no se limita a maniobras crediticias únicamente. Vicentín Paraguay es la 2° exportadora de granos del país vecino; sin embargo no tiene ninguna planta procesadora allí y registra menos de diez empleados. Ya que en tierras guaraníes no hay retenciones ni IVA sobre las exportaciones agrícolas, Vicentín dice cargar en Asunción granos paraguayos, aunque en realidad desciende por el Paraná hasta su puerto en Rosario y carga allí sus barcos con granos argentinos. Es decir que se lleva toneladas de productos de la tierra y del trabajo argentinos, dejándonos sólo el desgaste del suelo nacional y la contaminación del agronegocio. El monto de esta estafa se estima en US$ 200 millones más.

Además, la forma más extendida de fuga y evasión es a través de las empresas off-shore, asentadas en paraísos fiscales, que permiten borrar el origen de los fondos, evitando el pago de impuestos y permitiendo redireccionar el dinero a bancos suizos, británicos y estadounidenses, o fondos de inversión como Blackrock –principal tenedor de la deuda tomada durante el macrismo-. Nacadie Comercial SA Uruguay y Panamá son las firmas que el grupo creó para dicho fin.

Por último, 72hs antes de declararse en quiebra, Vicentín recibió US$ 122 millones por la venta del 16% de su participación en RENOVA a la suiza Glencore. Sin embargo el resultado de la venta fue desviado a la caja de la filial de Paraguay, ocultando la operación ante la justicia y los más de 2,600 acreedores. RENOVA es la planta de mayor capacidad instalada en aceites y biocombustibles de América Latina. Aunque nació como un proyecto tripartito entre Vicentín, PerezCompanc y Glencore, el monopolio suizo es hoy su principal accionista, tras comprar su parte a Molinos Río de la Plata en 2014 y las sucesivas podas al paquete de Vicentín. La expropiación a Vicentín comenzó hace rato, y no por el Estado nacional precisamente. Vicentín no hace tamaño desfalco porque sea malo, antipatria y corrupto. Es malo, antipatria y corrupto porque para reproducirse tiene que hacer ese desfalco, y ni así le alcanza. Si Vicentín no hace todo esto, sucumbe ante el avance del capital concentrado global, que se morfa ahora a sus históricos socios. Pero, como evidencia el desplazamiento de PerezCompanc y la propia Vicentín de la planta RENOVA a manos de Glencore, incluso haciendo todo esto sucumbe igual.

Resolver definitivamente el problema del “desarrollo nacional” implica enfrentar el problema de la dependencia, y eso solo puede hacerlo la clase trabajadora, por ser la única que en su lucha representa de manera profunda los intereses comunes y no los del interés privado (grande o pequeño) que se desarrolló sobre la explotación del hombre por el hombre. En un país que produce alimento para 440 millones de personas, pero donde la mitad de los niños pasan hambre, garantizar la soberanía alimentaria es un problema de clase. Vicentín evidencia la necesidad de que los trabajadores podamos construir un proyecto político propio, tomando en nuestras manos los problemas y organizando la fuerza capaz de superar el orden desigual que vertebraron los monopolios, que hoy se está desmoronando sobre nuestras cabezas.

 

Los límites que encontramos 

Frente a esta situación, resulta evidente que con luchar solo por nuestro salario y nuestras condiciones laborales  no alcanza, porque ese mismo capital al que nos enfrentamos no nos puede garantizar las cuestiones básicas que exigimos los trabajadores y el conjunto del pueblo, que no es más que Trabajo, Techo, Salud y Educación para todos. Por esto, más allá de la irrenunciable lucha por las condiciones de vida cotidiana, lo que se pone en el centro es trazar una hoja de ruta que nos permita delinear un plan, que nos encamine a dar respuesta a las causa profundas que arriba venimos describiendo.

Si hemos analizado que bajo el dominio privado del capital, el desarrollo de las fuerzas productivas da como resultado intrínseco la concentración cada vez en menos manos de la riqueza socialmente producida y la expulsión masiva de trabajadores y de capitales “no competitivos”, nuestro accionar debe elevar nuestra mirada hacia el control de esas fuerzas, y dar pasos en el control de las mismas que en manos del capital privado caotizan todo, pero que solo sobre la base de planificación racional en manos de la clase trabajadora pueden garantizar el bienestar común para el conjunto de la Humanidad.

Frente a semejante tarea,  quedan claros los límites de la organización gremial que supimos construir hasta acá. Nacida centralmente durante el siglo XVIII, para discutir y defender condiciones de trabajo y salarios, en aquel entonces bajo el dominio de la manufactura, nos enfrentábamos a patrones, dueños de empresas y hasta grupos económicos que eran representativos de tal o cual actividad específica, o a lo sumo se diversificaban en otras actividades pero al interior de una misma rama. Hoy en día, el mercado mundial, que durante todo el siglo XX se unificó bajo la dirección de los monopolios y sus necesidades de reproducción, descomponiendo la fabricación de un mismo bien en un sinfín de procesos, que conectan el trabajo y la cooperación de los obreros de las distintas partes del globo, pero que los desorganiza en tanto la unidad de los trabajadores que participan en la transformación de un mismo bien; desaloja mano de obra de aquí y de allá, sin distinción de color, idioma y profesión.

El paro, y la huelga general como máxima expresión de la conciencia alcanzada dentro del plano de la lucha gremial, cumplía un objetivo fundamental para la lucha, ya que podía poner un freno u entorpecer el normal desenvolvimiento de ciclo del capital y con eso construir instancias de negociación frente al patrón. Pero bajo el dominio del capital financiero,  con el alto grado de descomposición del proceso productivo que funciona desperdigado en todo el globo terráqueo, el paro y las medidas realizadas por las partes desde cada gremio o federación, no tienen escala para lograr entorpecer el normal funcionamiento del capital, ya que por el grado de diversificación existente, frente al parate de un punto del proceso de ensamble general, rápidamente pueden reemplazar lo producido en dicho lugar por otro en cualquier otro lado.

 

Nuestras organizaciones y la militancia gremial

En este sentido y con grados crecientes de conciencia sobre los límites en los que estamos, y de lo que NO VA MAS, lo que se nos plantea ya no es solo la acción en busca de sostener tal o cual empleo o tal o cual reivindicación gremial, sino que lo que brota por todos lados  es la necesidad imperiosa de poder dar pasos en el conocimiento y control de la totalidad del proceso productivo en que estamos inmerso. Conocer qué, cómo, y cuánto se produce en cada establecimiento, en cada rama, como están distribuidos, en cada barrio, en cada distrito, provincia y países. Cuáles son las empresas y cuáles son sus terminales globales, a qué grupos pertenecen, cómo están compuestos y cómo se concatenen en toda la cadena de valor entre las distintas ramas de producción. Con qué insumos se produce, cómo son los procesos de trabajo y con qué maquinaria se realizan los mismos.

En fin, los trabajadores necesitamos entender profundamente los problemas planteados, para lo cual debemos apropiarnos del conjunto de conocimientos desarrollado hasta aquí por la humanidad, conocer cabalmente las distintas ciencias, para así poder dominar las leyes de la naturaleza más generales y también las leyes de la sociedad más específicas que rigen a los hombres y mujeres bajo el régimen de acumulación actual. Los trabajadores, junto al resto de los sectores de nuestro pueblo, estamos en perfectas condiciones para ello, porque somos los que las hacemos, los que las distribuimos, los que las comercializamos. Sabemos qué producimos y cómo lo hacemos. Pero cada uno de nosotros tiene sólo una partecita de dicha información. Nuestra unidad frente a estos grupos económicos deviene necesariamente de qué política nos demos para resolver este problema y ello arranca por poner en común la información de lo que hacemos y de cómo lo hacemos en nuestros lugares de trabajo; y de allí derivar la discusión acerca de cómo vamos a hacer para controlar dicho proceso.

En primer lugar, debemos tener pleno conocimiento de quiénes son esos grupos económicos y sus patas locales en nuestro país, el conocimiento y control que podamos ejercer sobre estos grandes capitales resulta central, porque como estamos viviendo frente al intento de implementar una política económica, social y cultural que atente contra sus intereses estos responden como lo hicieron históricamente con el estrangulamiento financiero y económico, el desabastecimiento, etc., buscando el descontento y el caos social para que sea imposible gobernar en contra de sus intereses.

Por lo tanto, es muy importante, a su vez, tener previsto qué hacer frente a cada medida que estos grupos intenten llevar adelante para defenderse, como lo hicieron en Bolivia y como siguen intentando en Venezuela con la denominada “guerra económica”, en donde a pesar de los repetidos fracasos, siguen provocando la carestía de una inmensa mayoría de insumos básicos y empujan el desbande social con violencia en las calles. El carácter confiscatorio que el grado de concentración impone los fractura a ellos mismos, desnudando que las supuestas oposiciones no son más que minúsculos grupos que actúan en la defensa de los interese mezquinos de unos pocos, junto a un selecto grupo de mercenarios jurídicos y mediáticos. Las maniobras de inteligencia ilegal que vienen saliendo a luz, que desarrolló la agencia de inteligencia macrista con Bullrich a la cabeza, bajo la estricta supervisión de La Embajada, y que hizo estallar la putrefacta mesa de conducción nacional del PRO, son solo una muestra de ello.

Estos hechos son un adelanto de lo que vienen haciendo y de lo que van a hacer en cuanto nos pongamos firmes contra sus intereses, que no son más que el saqueo de nuestro pueblo y de nuestros recursos naturales.

Nuevamente, resulta fundamental que sepamos qué estamos produciendo, cómo, con qué maquinaria y herramienta, con qué materias primas e insumos, a quién se le vende dicha producción, tanto en el mercado local como exterior, etc. Para ello es necesario superar los límites de la organización por actividad y rama, constituyendo mesas gremiales territoriales por las distintas regionales que nos permitan abordar el conjunto de las ramas y actividades. Cualquier medida que atente contra los intereses de los grupos de capital concentrado será respondida con el estrangulamiento financiero, porque controlan la banca tanto local como extranjera, así como con el desabastecimiento de los insumos y herramientas y maquinarias básicas para la producción.

El grueso de estos elementos provienen del exterior, por lo tanto, es necesario tener previsto cómo será abastecida nuestra industria para que no se frene la misma por dicha vulnerabilidad, hasta tanto podamos ir desarrollando por nosotros mismos, en unidad con los pueblos de la región y del mundo, que luchan contra este mismo enemigo, la maquinaria y la tecnología que necesitamos.

Lo propio con la comercialización. Debemos saber a quién le vendemos y quienes más necesitan de lo que producimos, estableciendo acuerdos estratégicos, nuevamente, con aquellos pueblos que estén en la misma situación.

En tercer lugar, esas mismas mesas territoriales junto a las organizaciones sindicales, regionales o locales, y a las organizaciones sociales y políticas populares que estén dispuestas a ello, debemos ir construyendo un plan de acción gremial inmediato frente a cualquier intento de suspensión o despido, haciéndonos presentes en el lugar del conflicto ya no sólo llevando nuestra solidaridad, sino participando activamente en el traslado inmediato de la problemática al conjunto de los vecinos y vecinas, para visibilizarlo rompiendo el cerco mediático imperante, elevando así cada lucha asilada a la lucha del conjunto, construyendo la fuerza necesaria para forzar el acuerdo con el empresario en cuestión, de modo de garantizar las fuentes de trabajo.

No podemos permitir, en ningún lugar y bajo ninguna circunstancia, despidos y suspensiones. Por supuesto, ello nos exigirá el conocimiento señalado en los puntos anteriores para poder dar soluciones viables, aunque sean transitorias, a este tipo de situaciones, frente a la probable situación de ahogo financiero y de achicamiento del mercado sufrido fundamentalmente por el pequeño y mediano empresario.

En cuarto lugar, desde estas mismas mesas de militancia gremial territorial se podrá impulsar el control vecinal de los precios en los comercios de la zona, buscando acuerdos con el pequeño y mediano comercio, garantizándole la discusión con la población para sortear cualquier intento de boicot de las grandes cadenas de supermercados e impulsar la compra en los comercios pequeños y locales del propio barrio de determinados productos básicos, previo acuerdo respecto de a qué precios se venderán allí los mismos y garantizando así el abastecimiento de los productos esenciales.

En quinto lugar, como aprendimos a fuerza del dolor causado por el crimen social de Sandra y de Rubén en la escuela 49 del distrito de Moreno, pero también de la unidad y la lucha emprendida desde allí, también nos tendremos que ocupar de qué educación queremos para nuestros hijos y en qué condiciones queremos que se brinde la misma.

Fuimos los propios trabajadores y vecinos de los barrios junto a docentes y directivos quienes exigimos al gobierno de Vidal el plan de obras, pero también quienes nos dimos la organización territorial mediante asambleas periódicas para controlar el cumplimiento de dichas obras, incluso a pesar de la persecución y la represión y de las permanentes amenazas.

Lo propio podríamos señalar respecto de la salud. Frente a los estragos de la pandemia surge el desguazamiento del sistema de salud pública aplicado por el macrismo y los grandes laboratorios. Los trabajadores debemos retomar el plan original de salud de los primeros gobiernos peronistas, encabezado por el Dr. Ramón Carrillo, organizándolo desde el control de la salita de cada barrio, decidiendo y controlando qué salud necesitamos los trabajadores y, desde allí, dirigiéndonos hacia los hospitales intermedios y los grandes centros de salud, discutiendo junto a los trabajadores de los mismos y a los profesionales de la salud, que sufren el mismo plan de ajuste, cómo llevar adelante el mismo a partir de las necesidades populares y no de las de los grandes laboratorios.

 

Asumir al Enemigo histórico. Construir nuestro presente

“Yo elijo la Historia”
Cristina Fernández de Kirchner

Luego de las gestas heroicas del 17 de Octubre, en donde el pueblo trabajador cimentó los pilares de una nueva Argentina, bajo la conducción de Juan Domingo Perón, se constituyó un gobierno absolutamente industrialista, que reivindicaba con sus acciones de gobierno la línea de Mayo de Moreno, Belgrano y Castelli, de la Independencia San Martiniana de la Patria Grande y la Soberanía de Juan Manuel de Rosas. Un gobierno obrero y popular, institucionalizando un Estado de cosas que negaba y se oponía al Estado impuesto por la Oligarquía a partir de 1853 luego de la derrota en Caseros. Ahora bien, la experiencia indica que a pesar de todo lo realizado por nuestro pueblo, y en especial por nuestra clase trabajadora, esa experiencia no alcanzó. Diez años de gobierno terminaron con un golpe oligárquico militar, bombardeo y fusilamientos mediante. Esto reinició el ciclo de gobiernos pro-oligárquicos e imperiales que destruyeron todas las conquistas que parecían haberse alcanzado para siempre. La derrota nos permitió sacar conclusiones. Tomamos cconciencia de que con la sola idea de redistribuir una parte de la renta no alcanzó; a la larga no se puede si no se modifican las bases estructurales del mecanismo de dominación, ya que a pesar de todos los posibles avances, los problemas del pueblo, el hambre y la miseria vuelven a brotar de la mano de la derrota de nuestras fuerzas.

Con los 12 años de Néstor y Cristina vimos que no alcanzó con el solo hecho de ocupar las instituciones del régimen. Que, si bien estando en ellas se había avanzado en la legalización de una cantidad de demandas elementales del pueblo, todavía no se habían llegado a poner en cuestión los fundamentos más profundos del poder de la oligarquía y del capital financiero. Cristina Kirchner hace muy poco planteó que por más que se alcance el gobierno del Estado y se ocupen todos sus cargos, desde ahí no se controla más que un 20% del poder. Porque cuando se quiere avanzar en transformaciones profundas, que revoquen intereses del poder económico concentrado para conquistar nuevos niveles de justicia social, éste poder, el poder fáctico, el poder económico concentrado, impide y bloquea ese avance.

Todo el accionar de las patronales argentas frente a las medidas de Alberto Fernández solo ratifican lo dicho por la compañera. En una reciente entrevista, el presidente decía: “la actitud que tienen en esta grave situación y su accionar con respecto a la negociación de la deuda, es un problema de una perversa cultura del empresariado argentino. Hay una parte que están colaborando. Pero leo cosas con esa dependencia intelectual que tienen con los centros de poder y no puedo entenderlos”.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el papel conciente y la preparación férrea de los hombres y mujeres con esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene nuestro país y Nuestramérica dependiente de liberarse del dominio estructural del enemigo. Toda la historia de lucha de nuestro pueblo nos indica que no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello haciéndonos la idea de lograr la libertad sin prepararnos para la lucha cruenta. El bombardeo de Plaza de Mayo en 1955, los fusilamientos de José León Suárez y la última dictadura militar son un claro ejemplo de ello, pero sin ir tan lejos, mirando nuestra región: Ecuador, Paraguay, Brasil, Bolivia y los frustrados intentos en Venezuela muestran a qué están dispuestos los dueños del dios dinero en pos de inmortalizar el dominio de su agónica y sacrosanta propiedad privada.

En el año 1968 Perón reflexionaba sobre su caída; y en esa reflexión podríamos involucrar al conjunto de mandatarios y pueblos latinoamericanos, que luego de la primera década ganada del siglo XXI por golpe o elección, fueron despojados del gobierno del Estado; él decía: “Yo no quería llevar a la República a una Guerra Civil ni a una Lucha Cruenta, no quería que se derramara sangre entre argentinos, hoy creo que cometí un grave error. Esa gente llegó para hacer el más grave daño que se le pudo haber el hecho al país.

Así, hace más de 42 años que está planteado de manera conciente resolver “lo cruento”, que no es un problema meramente instrumental, sino que es dotar a las masas de una concepción y organización permanente que permita afrontar las tareas de cara al enemigo principal. Lo cruento no es lo militar, sino prepararse para derrotar al enemigo en todos los planos. Moral, Político, Cultural. Para ello tenemos que tener todo pensado antes, preparar todo en función que ellos no puedan. Entre menos preparemos, más cruento será el desarrollo de la situación. Entre más preparada esté la clase trabajadora y el pueblo, menos posibilidades tiene el enemigo de desplegar su accionar que, como sabemos por su historia y su presente, no puede ser otra cosa que violento.

Los enfrentamientos venideros no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos como en diciembre de 2017, ni de huelgas generales; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes como en el 2001; en eso nuestro pueblo ya tiene larga experiencia en sus espaldas. Recuperar las instancias de movilización del pueblo no es un problema de hacer más o menos movilizaciones a la Plaza de Mayo, sino que tienen que ver con asumir las tareas comunes de la clase. Con la movilización sola hacia los centros visibles del dominio imperial, no alcanza! Nuestra movilización debe ir hacia cada uno de los territorios en disputa en donde aún domina política e ideológicamente el enemigo, la movilización debe ser casa por casa en cada barrio, fábrica por fábrica, taller por taller. Debemos poder despojarlos de cada una de sus posiciones de dominio, en la producción, en el comercio, en las finanzas, en los medios de comunicación, el arte, el deporte, en nuestro barrios, en fin en cada uno de los aspectos de nuestras vidas en donde aún domina el capital financiero, la competencia y el sálvese quien pueda. Ya vimos que con ocupar las instituciones del régimen no alcanza. Que, si bien estando en ellas se avanzó en la legalización de una cantidad de demandas elementales del pueblo, desde ahí no se pone en cuestión los fundamentos más profundos del poder de la oligarquía y del capital.

La toma de conciencia de este problema general debe estimular, empujar, a que modifiquemos nuestros hábitos, nuestra conducta. La lucha es regional, mundial y crece, necesariamente, en cada barrio y manzana donde los y las vecinas están dispuestas a resolver mancomunadamente los problemas comunes. Salir de casa, retomar el diálogo que ha cortado la última dictadura, sobre los problemas cotidianos que tenemos los trabajadores es absolutamente necesario. En nuestro país estamos discutiendo el impuesto a las grandes riquezas para combatir la pobreza; estamos discutiendo el control de precios para evitar una corrida inflacionaria provocada por los grandes propietarios de tierras, de la industria de alimentos y de las cadenas de supermercados; estamos discutiendo la necesidad de garantizar, incluso, el abastecimiento de alimentos de forma soberana con la expropiación de Vicentín, en caso de que hubiera un boicot de las grandes cadenas contra la política de gobierno en donde esmerilan sistemáticamente la figura de Alberto Fernández, estamos discutiendo el acceso básico a la vivienda y el control desenfrenado y abusivo de los alquileres para los sin techo, estamos discutiendo la nefasta y fraudulenta deuda externa contraída por los grandes grupos monopólicos y pagada con el sufrimiento de nuestro pueblo, estamos discutiendo la regulación del Teletrabajo en oposición a cualquier tipo de avasallamiento de los derechos elementales de los trabajadores, pero vale preguntarnos ¿cómo se garantiza y realiza todo esto? ¿Se puede sin la participación popular en las bases? ¿Se puede sin la Unidad de la clase trabajadora, ocupada y desocupada? ¿Se puede sin la participación popular organizada, con arreglo a un plan sistemático de control de precios, de control de abastecimiento, sin estar organizado en cada fábrica, en cada establecimiento de trabajo, barrio por barrio en cada familia?

El alimento, el trabajo, la salud, y la educación ¿se pueden garantizar sin la organización comunal del conjunto de los trabajadores, abajo en cada barrio que, a la vez, tenga clara conciencia de que la lucha para resolver cada uno de esos problemas es nacional, continental y mundial, de que enfrentamos poderes fácticos económicos trasnacionales?

¿Alcanza solo con las medidas específicas del gobierno? Ya hemos visto que no. Por esto el estímulo de la participación política en cada territorio, la superación de la caduca democracia representativa, en pos de una democracia participativa, con sus correspondientes órganos de participación en consejos barriales y su organización, manzana por manzana, para llegar con la información, el debate y la acción educativa, cultural, sanitaria, laboral, en cada rincón de nuestra barriadas, es una acción necesaria para desplazar el dominio hegemónico que ha desplegado nuestro enemigo histórico sobre nosotros, y es la raíz de un proyecto profundamente democrático, sin la cual no se puede vencer la pandemia oligárquica de la desigualdad.

18 años de resistencia peronista nos dieron una vasta experiencia en la organización de comisiones internas en los lugares de trabajo, de unidades básicas en nuestros barrios, en la creación y desarrollo de escuelas, Sociedades de Fomento, Unidades Sanitarias, centros culturales, etc. Una vez más es la Hora del Pueblo, de que asumamos esas luchas parciales como una única lucha, de una cohesionada Comunidad, Nacional, Regional y Mundial Organizada.

¡¡¡Por la Independencia Económica, la Soberana Política, la Justicia Social y una Patria Grande!!!

¡Sólo el Pueblo Salvará al Pueblo!