Por Lilia Ciamberlani

Estamos en una situación extraordinaria que pone dentro de la misma burbuja, a tres ámbitos que suelen estar separados,  como el trabajo, las amistades y la familia. Desde la misma ventana de internet hacemos todas estas  interacciones con la misma herramienta.

Se calcula que en un 65% aproximadamente de los usuarios son nuevos o sea  que no estaban acostumbrados a usar esta modalidad y menos de forma permanente.

Antes era una opción que algunos se aventuraban a transitar, una alternativa más, ahora es inevitable si se quiere dar continuidad al trabajo en tiempos de pandemia.

Estamos bajo el imperativo de hacer video llamadas, de trabajo, con amigos, con familiares, con compañeros de escuela, y hasta  sumarnos a conferencias online.

De una manera o de otra, la alfabetización digital con estas aplicaciones se ha impuesto intempestivamente en muchas actividades que hacíamos casi siempre presenciales.

Quizá por la masividad de los usuarios y por la gran cantidad de horas diarias que estamos usando  este recurso, es que empiezan a aparecer algunas dificultades que antes pasaban desapercibidas o afectaban a muy pocos. Causa desconcierto el cansancio que nos afecta  la maratón de horas de video llamadas

¿ Qué es realmente lo que nos pasa?

Si lo comparamos con la comunicación cara a cara, la video llamada demanda una mayor atención en las expresiones faciales, el tono de voz y el lenguaje corporal. Todo esto exige un gasto extra de energía, ya que hay una situación anómala: nuestras mentes están conectadas pero nuestros cuerpos están distanciados y por eso nos sentimos exhaustos después de una conversación virtual

A través de la cámara se exponen todos los integrantes en estos encuentros y generan una presión social que suman otro estrés adicional, similar al que muchos experimentan cuando tienen que subirse a un escenario por primera vez.

Además, muchas personas no están acostumbradas a verse en pantalla y eso da una sensación de fatiga después de cada conversación virtual.

El problema real radica en la absoluta conciencia de uno mismo que tiene durante estas reuniones. Existe una audiencia imaginaria, en donde nuestro cerebro se proyecta como fuera de nosotros mismos y parece que nos observa todo el mundo. Esto transforma una simple charla en algo pesado, agotador, confuso, llevándonos hasta el hartazgo de la comunicación.

En el cara a cara, uno puede olvidarse de uno mismo y dejarse llevar por la conversación. En las  video conferencias no, ya que siempre tenemos una pantalla en la que salimos y es inevitable desdoblarnos con la sensación de que somos un ente en observación constante.

Las video  llamadas son un 34% más estresantes que las reuniones cara a cara. A esto se le agrega que no podemos comprender todo el lenguaje no verbal que acompaña al acto comunicativo.La ventana solo nos permite ver un cuerpo fragmentado y no a la persona entera .Sólo tenemos un rostro descontextualizado que nos impide capturar al 100% los tonos de voz, las expresiones faciales y las exclamaciones gestuales.

Además en este entorno digital no hay reglas muy fijas. No sabemos cuándo hablar, cuándo pedir la palabra, cuando interrumpir. Esto no ocurre en los encuentros cara a cara que nos va brindando el lenguaje no verbal todo tipo de información sensorial.

A todo esto, debemos agregar los problemas múltiples de la conexión

En investigaciones realizadas sobre la imagen de nuestros interlocutores y el tipo de conexión, se demostró que un simple retraso de la señal provoca que percibamos  a esa otra persona como poco empática y provoca un alto grado de distracción. Si a esto le sumamos la sobre conciencia de uno mismo en la pantalla que tenemos al lado, hace a estos encuentros rutinarios y aburridos.

La autoconciencia de uno mismo, de mirarse en la pantalla permanentemente, inclusive provoca reacciones sobre actuadas, como mecanismo de defensa, queriendo rebajar el sentimiento de estrés mostrando como si estuviéramos totalmente concentrados. Parecemos actores en acción.

Como cualquier tecnología, las video llamadas son neutrales. Se trata de cómo la usás. En la video llamada no seas monótono, no pierdas el tiempo ni hables solo por el simple hecho de hacerlo, así obtendrás el máximo provecho de tu comunicación y evitarás esta sensación de estrés.